Breves

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Tómame justo ahora

Reacciona por instinto a esta eterna provocación

 


Veranos olvidados

Recita ese puto texto de Óscar Castro

Tu voz, es mi amor platónico

Tu poesía, es mi sexo platónico


Un día después de haber terminado con Juan XII, me meto con Carlos Julio.

Insatisfecha seducción.

Tres días después de haber terminado con Carlos Julio, me meto con Araña,

que es demasiado promiscuo, todo lo que podría desear.

Vuelve el insatisfecho.

Ahora, termino estando con el Mercurios.

Y a él no lo quiero. No sé que quiero.

Y no hago nada.

Estoy flechado con tu indiferencia,

dolido con mi vulnerabilidad,

hastiado de la frialdad de cuerpos,

y lo platónico se vuelve dulce.

 


En una isla chiquitita te pienso TODO EL TIEMPO porque el tiempo pasa rápido, muy rápido, como para pensar en cosas domésticas, porque perder el tiempo resulta mucho más divertido y util

Que ocuparlo.

 


Ojos de charco

Te escribo todos los poemas que jamás pensé escribir

Y miro todas las noches drogado, la luna

que me ha sorprendido estrechando entre mis brazos

Incitando a recostarse en mi pecho

a los fragmentos de una felicidad hundida en el mar

 


Tú,

No eras de este mundo, Pilar

 


Me encanta que el recuerdo más erótico que guardé de nosotros

No tenga rostro, ni cabellos, ni ropa

 


Y busqué entre mis hojas rayadas, algo que describiera tu tornasolada aurora,

y busqué canciones de estribillos largos que relataran como es tu cuerpo,

y cuanto pétalo pudiera contenerse en tus caricias de verano,

y cuanta música pudiera hacerme sentir tuyo de nuevo.

 

Yo estas cosas las busqué, lo prometo

Pero nada me hace sentir como tú

 


Besos bajo la lluvia en noches de canciones y voces de antaño

 


 

Ocho quince de la mañana

Ese día una señora detenía el tránsito para hacer una fotografía.

 


Hiérveme

Hazme el amor

En este mismo instante

Tócame todas las historias

Y todas las calles

Que me cogí

Que te cogí

Que nos cogieron

Yo te despierto eso

Yo te despierto

Yo te alejo de todo eso

De todo el mal tiempo perdido

De las mañanas iracundas

Con un lápiz en la mano que no tienes

Con unos ojos anoréxicos

Somnolientos

Ojerosos

Ante la duda, todo

En una curva del camino, me encontré con un amor. En una curva del camino, no anunciada, sorpresiva, un viejo amor, una vieja situación. Dos viejos amores, dos viejos rencores.

El camino sigue, la curva queda atrás, la dirección se vuelve más liviana, la explanada se abre ante nuestros ojos no sé porque sigo hablando en plural abajo, de izquierda a derecha, la pampa sureña, la ciudad inventada, el campo donde no llueve, el miedo y siempre el miedo…

Cierro los ojos y me detengo a un costado del camino. Me haces falta? La llanura, frente a mi mirada, me muestra una paleta de amarillos, grises y de color falta de vegetación. Cierro los ojos y me remonto al tremolo que sentí al ver qué te acordabas de mí, que me reconocías, estás igual, dijiste, y me saludaste con un beso en la mejilla que nunca esperé. Abro los ojos, y prendo un cigarro. En julio dejaremos de fumar, ambos. Hoy, todo parece tan ajeno, todo parece como un sueño que ocurrió en el transcurso de la noche temprana, con el vaivén de las pupilas movidas por la electricidad neural, ese tramo joven de la madrugada, donde no se recuerdan los paisajes oniricos que se recorren durante el descanso cotidiano. 

Yo creo que si me haces falta. 

Cuánto tiempo lleva el olvido? Mucho. Ocho, nueve, doce, quince meses?  Es largo. Más de lo que quisiéramos. Más de lo que nos costó enamorarnos. Claro. Pero yo nunca me enamoré. Eso es ilógico. Sí, es un absurdo. Creo que nos enamoramos de un modo muy parecido. Cómo así? Ambos resultados perdedores. No prefiero esa palabra. Esto no se trataba de ganar o perder. Y que fue entonces? Se trata, o se trataba de que había que sacar cosas en limpio. Doce meses me parece demasiado para lograr dar vuelta la página. A mí hay un amor que me tomó casi doce años. Eso es demasiado. Si, y me parece increíble poder contártelo. 

Ojalá el desamorarse fuera tan fácil como el proceso inverso. Las ecuaciones son solo eso: modelos teóricos.

Para atravesar la encrucijada, hay que tener un estado de concentración inusual, enorme… Planificar el momento, tomar el volante, agudizar la vista, frenar si es necesario, asumir el riesgo, no confiarse del terreno, preveer la pendiente del camino, y estar conciente. Sobretodo, estar conciente.

Si mi cicatriz pudiera expresarse, contaría su versión. 



Miedo de toparme contigo


Haber venido hasta acá, fue, a duras penas, un ritual de supervivencia. 

La taza de té sobre el vinílico mantel descolorido, sorber un poco, y sentir que se calienta la sangre. Sentir que se calienta el cuerpo, el sexo, y vuelvo la mirada hacia la mesa, y ya no eres tú. 

Quién es entonces, aquel que me hace daño con el puñal de su mirada? 

Hay nombres, que duelen pronunciarlos. 

Se diluye tu silueta bajo el frío sol de invierno. Te imagino, lejos, soñando, durmiendo. Nada es como quieres que sea.

Aparece nuevamente la vieja, debe estar despierta desde la madrugada, “se servirá más té el joven?”… Solo atino a mover la cabeza de un lado a otro, en gesto de negación. Yo sé que en el fondo, si estoy acá, fue tambien para estar mejor, pero estar mejor cuesta, tiene un precio figurado, sentimental, etéreo, que involucra exponerse también ante similares, y la verdad es que ese rito no lo he podido llevar a cabo, por la ausencia, por las ausencias que implica el sur en toda su magnitud.

Vuelvo a pensar, profundo. No ví que la mujer anciana desapareció de la cocina, quizás de la casa, quizás del caserío.

Siento ladridos de perros viejos, a lo lejos. “Serán toses entonces”, habrías dicho, y vuelvo a ti, vuelvo a culparte de todo, vuelvo a maldecirte, vuelvo a escupir sobre el recuerdo físico que existe de ti.

Hay olor a cáscaras de naranja, y semillas de eucalipto, que se queman a velocidad de hormiga, sobre la cocina a leña.

No sé que va a pasar. Una parte de mi, una gran parte de mi aún se preocupa de como te las vas a valer en este mundo de leñadores, de pescadores, de tipos criados bajo la lluvia, de tipos de habla fornida, de voz gruesa y sentimientos de viento puelche. No lo sé. Me preocupas. Se que no debiera. Se que el daño me debiera hacer odiarte. Se que si te odié. Pero cuanto… Cuatro días? Una semana y media? Diecisiete días? Es poco. Porque aún permaneces en mi como el gusto suave que deja el café azucarado después de un rato. 

Yo creo que desde tu sitio de confort, este lugar no tiene nada de lo que acostumbras o deseas, y podría hacerte mal. Tal vez me equivoqué, y logré ser el conducto que te lleve al lugar que quieres. O bien, pues que al menos te logré conducir al cambio que necesitas, al menos encaminar, porque todo, al inicio, es lo más difícil.

Yo lo pienso. Te pienso. Y no sé que vas a hacer. Qué vamos a hacer?

Dije vamos? O solo lo pensé? Vaya!

Es que a veces me gustaría poder permanecer contigo aunque fuese en silencio. Abrazarnos bajo un árbol. Volver a quedarnos dormidos, maldecir que no haya sonado la alarma un domingo y, volver a reír. 

Sí, quizás te este echando de menos. 

Sí, quizás esto no esté nada de bien y me esté traicionando. 

Pero cuántas veces acaso, no me hube traicionado antes, cuando de verdad valía todo la pena, que una más…

Tomo la taza, apoyo mi espalda en la silla y me estiro. Con relativa dificultad, me incorporo, dejo la taza y el plato en el lavaplatos, y me acerco a la ventana. Hay una neblina tétrica. La luz se cuela entre las nubes bajas, y todo parece surreal, etéreo, de otro mundo, con esa luz amarillenta suave, que ilumina todo, y lo último que veo recortarse en el horizonte es el leñero, el establo, y un tronco eterno, con el hacha incrustada en él. Quizás ese fue nuestro lugar, el vértigo de bailar juntos en la neblina, con los pies embarrados, pasando por alto el silencio de las nubes cuando rodean los cuerpos, el calor de vernos sonreir.

Hoy todo esto me viene a la mente, y necesitaba arrojarlo en algún lado. Tomo el hacha y con dificultad, la extraigo del leño eterno, soltando un bufido por el esfuerzo. Miro más allá. Se vislumbra un lago, la iluminación matinal es realmente mágica, parece un lugar de hadas. El gorro me acalora. La imaginación recorre. Las astillas, en mis manos, lastiman. Cae algo de sangre. Qué haremos. 

El silencio se vuelve a hacer bosque. Las nubes bajas son como un algodón puesto en las cuencas auditivas, y solo oigo el húmedo contacto que se produce al rozar el deshecho lecho térreo que en algun momento fue sólido y casi impenetrable. Quiero sentir. En un acto insólito, decido desnudarme.  Me desnudo de mis ataduras. Me quito la chaqueta, me quito la camisa, me quitó el jeans y quedó expuesto frente a la eterna humedad, mi pecho, y siento el contacto del aire húmedo con cada pelo, con cada fibra, con cada centímetro de mi cuerpo, de mi ser. Caigo de rodillas al barro. Apoyo mis manos, golpeo el suelo con mis puños, me hundo, estoy haciendo el ridículo. Me siento observado, con algo de recelo recojo mis vestiduras y lentamente, me visto. Estoy vivo, pienso. Quiero reaccionar. Pero aún tengo miedo de volver a toparme contigo.

La canción de la lluvia

La definición de la tormenta en veintidós años que se de tí

Valentía, en tus ojos, en tus actos, en cada movimiento

Porque pese a que dicen que los ojos claros mienten, a los tuyos les compré todo desde un inicio

Desde todos los inicios

Fuiste la tormenta que me arrastró de sur a norte

Siguiendo la estabilidad astronómica de la cruz del sur

Siguiendo el razonar del veloz Mercurio

Que parece que no piensa, solo actúa

Pero si piensa, a una velocidad que no logramos entender.

Lluvia, intensa, como de tormenta tropical

Que respiré de ti los silencios

El castigo de tu enojo, el castigo de tu frío

El castigo de tu llanto y de tu abrazo

El castigo de ser y no ser

Respiré de ti el amor

De ser aceptado

Abrazado

Protegido

No se cuántas veces hablé de ti

Escribí de ti

Escribiré de tí

Cuantas, Miles quizás, escrito y tarjado las palabras que me avergüenzan

Aunque a la larga de ti me quite toda vergüenza

Es lógico que logro sobrevivir a ello, a la vergüenza de haber querido ser algo que quizás no entendimos a tiempo

Pero es que contigo todo es así. Eres. Intensidad. Eso eres.

No se puede de a menos

Cuando en los mares del sur, arrecia la tormenta, se deja sentir

Haciendo zozobrar la barca

Haciendo dudar al capitán

Haciendo sudar su convicción, su expertiz

Porque su dureza es simplemente honesta

Porque su intensidad es brutal

Así eres

O así creemos que eres

Eres el viento

Eres el cambio

Eres desierto

Eres mar

Frio

Y tibio también

Pero eres frágil

Y eso, solo por el hecho de querer vivir al límite

De no creer nada, de querer vivirlo todo

De proyectar sus pasos en el vacío

Tengo miedo a veces

De ti

De que algún día ya no estés 

Nada puede ser palabra sin ser antes sentimiento

Quisiera hoy tenerte frente a mi

Abrazarte y ver qué de verdad estás sano y salvo

Sentir el olor que emana de ti

Enloquecer

Abrir los ojos

Ver que eres el mismo de siempre

Que la gente no cambia, lo que cambia son las circunstancias

Si, eso ya lo sé”

Agradecido estoy

De que me veas cómo éramos en un inicio

De que me perdones

De que aun me protejas

Nada ha cambiado

Entiendo tu ritual

Entiendo la pelea que es nacer con el sol

Esa que se libra dentro de ti, esa batalla de la que siempre espero resultes ganador

Batalla que te libra de tu caos

Y si no, 

Ahí estaré viejo animal,

Hombre de costumbres

Hombre de ciclos

Hombre de sol

Nacido en la oscuridad del invierno

Para ser tu refugio si lo necesitas

Porque ahora llueve, hace frío

Donde te encontraré la siguiente vuelta

Donde nuestras almas ávidas de peregrinaje se gritarán sus historias

Se gritarán las verdades

Compartirán cicatrices

Oirán el vaiven de una canción

Quizás

Nunca se sabe donde la tormenta, el viento, el viajero puede ir a parar

Pero sabe cómo hacer para regresar

A aquellos lugares donde amó y fue feliz.

A aquellos lugares donde se sintió amado

A todo lo que implica ser hogar 

Pequeña historia

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La palabra mas triste

en todo el ancho mundo

es la palabra casi.

 

Él estaba casi enamorado

Y él, era casi bueno para el

Él casi lo detuvo

Él casi esperó

Él casi vivió

Ellos casi lo lograron.

Casi.

Aire

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** Con amor, a Álvaro

Existe el para siempre?

No lo sé, pensé sin decir nada, pero acababa de comprender que la desilusión se aposentaba en tus ojos oscuros, que miraban el horizonte y sus nubarrones de fin atrasado de verano, aproximándose grises a la costa.

“Va a llover”

Quizás

En ese momento, te miré de reojo bajar la vista, comprendiéndolo todo tú, que parecías siempre fuerte, siempre omnipresente, siempre valiente, siempre invencible…  Nunca cometas mis errores; recordé una conversación que tuvimos cuando yo estaba en los primeros años de media, y tú, en los primeros de la enseñanza básica. ¿Y porque me dices eso? preguntaste con un dejo de curiosidad, porque tú eres el chico y yo te mando, dije empuñando las manos. Aunque siendo real, nunca me hiciste tanto caso, y tampoco era tan necesario decirte que hacer.

Siempre supe que naciste bajo una buena estrella. Porque quién nace bajo el signo de los gemelos nace parado, cae y vuelve a pararse rápido. Porque de niño veía que comprendías tu entorno con facilidad, porque te asombrabas de todo, y porque te era fácil relacionarte con el entorno  y eras fácil de palabras. Eres, digo. Hasta el día de hoy. Recuerdo palabras al voleo de mamá diciendo, estos son mis hijos poh, Jorgito y Alvarito, blanco y negro, agua y aceite, ying y yang, sal y pimienta…

Yo diría hoy, que somos tierra y aire.

Pensarías que yo soy el aire, el volátil, el inmaterial, el que siempre está y no está, que se perdió el nacimiento de las sobrinas y sobrinos, el que estuvo afuera y volvió y todo eso. Pero, ¿sabes? El aire eres tú. Tienes ese ímpetu de las tormentas de verano. Tienes ese poder de transformarlo todo, siendo suave como la brisa, y duro como el viento que dobla los árboles en los archipiélagos del sur. Tienes ese poder.

Por eso, me rompió el corazón verte hace poco, hace menos de un mes, llorando en silencio, porque tienes miedo de romper el esquema de tu vida actual, y dejarte llevar a donde tus sueños y tus ganas lo indiquen, solo por el miedo de perder tu sitial de confort. No supe que hacer. No supe si abrazarte sería lo correcto, si estaba bien darte un beso, decirte algo, si quizás debía irme.

“Lo siento”.

Qué sientes, dijiste tú.

Mira, yo no creo que exista el para siempre. Eso es algo tan relativo, y la vida me restriega en la cara como un axioma que se me repite con vergüenza, que es absurdo pretender estar con alguien por el resto de tu vida. Qué significa eso. Cual resto, de cual vida, cual persona.

Quizás sí sea cierto que las personas al final no cambian. Pero sí, evolucionan. Y en esa evolución, necesitan nuevos apoyos, o nuevas formas de apoyo, o nuevas formas (quizás sea diferente la palabra adecuada) de enseñarte el camino. Los afectos cambian, los cariños cambian, las prioridades mutan, entonces, el ser humano varía, pese a que sus conductas más fuertes, determinadas genéticamente se sigan repitiendo en un patrón ad infinitum por el resto de la vida, amén.

Pero que es el resto de la vida, Álvaro, cuando apenas tienes 27 años.

Qué es el resto de la vida, cuando puedes partir desde cero, y emprender un nuevo rumbo. ¿Acaso tienes miedo? ¿Es tan grande el miedo? ¿Te paraliza?

Hoy yo no tengo nada más que enseñarte, hermano. Estoy consciente que nos separa hoy en día un canal de Chacao y seis años y pico de diferencia. Pero no llevo en mi mente la imagen real de un hermano menor, si no, la de un tipo que se aferra a la vida, que no le tiene miedo a nada, pero que hoy sin embargo, veo indeciso. Veo rompiendo sus paradigmas de éxito en la vida. Veo debatirse en una lucha interna.

Yo, querido hermano, no creería jamás en el para siempre, puesto que no le he vivido, y tampoco creo que lo viva, porque ya a mis treinta y tantos, cualquier cosa que considerara para toda la vida, debiera tomar la mitad más uno de la vida que en adelante me queda, cálculo matemático con el que un amigo define los periodos de la vida.

Pero si un miedo te gana hoy este combate invisible contigo mismo, llevarás esa carga quizás para siempre, con todo el relativismo que aquello implica.

Por mi parte, yo siempre estaré orgulloso de ti, porque así somos los hermanos mayores.

Porque el resto de la vida, cuando apenas tienes 27 años, es casi todo por delante. No tengas miedo. Y si en algo te sirve generar el paragón, entre tu y yo, justamente a esa edad, perdí el miedo a todo.

“Está lloviendo”.

Así es acá.

“Allá es casi igual”

Hueón, no te genera nada esto? Hace cuanto tiempo no nos veíamos?

“Hace demasiado”

Por favor no dejemos pasar tanto tiempo antes de vernos de nuevo

“Trato hecho?”

Trato hecho!

Final del día, con una sonrisa, y las mejillas mojadas. No sé si por la lluvia, o porque quizás ambos lloramos, o porque fue lindo recuperar así a mi hermano.

Un adiós…

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No consiguió dormir la noche antes de partir

No habían recetas ni manuales

No había nada parecido o mas parecido a la verdad

Excepto enfrentarse al juicio, al fin

Cerrada la puerta por fuera, lo aterrorizó el frío austral

 

Cuando bajó, sintió una ráfaga y el sol

El estallido de los verdes campos – pudor

El viento frío colándose entre las miserias

La ventana abierta, golpea, es el sonido de lo invisible, ruido

De cuando se sacuden su pereza los nogales

 

Salen diez pájaros a la puesta de sol

“Esta es la tierra de mis abuelos” pensó

¿Y alguna vez quisiste de verdad besar a una mujer?

Ríos corren arrastrando la tierra

Remolinos dentro tuyo, llegan hasta el frío mar

 

Y que es real? Solo tú

El roble en la oscuridad guarda ese último instante

y es que a veces siento que columna se parte en dos

Es tan raro el color de la antesala del invierno

Menos raro que el verte siempre, llorar…

Sueño de la noche anterior


Anoche soñé que alguien me amaba
No hay esperanza,no hay daño
tan solo otra falsa alarma

Anoche sentí
brazos reales a mi alrededor
No hay esperanza,no hay daño
tan solo otra falsa alarma

Asi que dime cuanto falta
antes de que llegue el último?
Y dime cuanto falta
antes de que llegue el correcto
la historia es vieja
lo sé
pero continúa
la historia es vieja
lo sé
pero continúa

oh,continúa
y continúa

Las voces

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Errores comunes. Pero jamás de casualidad. A esta altura del año, no esperaba sentirme así. Tantas cosas pasaron, tantos sentimientos quedaron desapercibidos por el vaivén de un verano azul, quebrados, bajo tierra, bajo el mar.
Y oigo una frase al teléfono que nunca, pero nunca antes me hizo tanto sentido… Cachai que con el paso del tiempo Jorge, volvimos cada uno a ser los mismos?… Y sí, asiento con la cabeza al otro lado de la línea pensando si eso incluye todas las cosas, o son solo pensamientos al azar dichos por las casualidades que todos estamos viviendo.
Lo he vuelto a pensar. Y junto a ti… Cuál hubiese sido la rutina?… No logro compaginar. Quizás hubiésemos recorrido Miles de kilómetros juntos, con esa libertad que sentiste en el faro de la Última Esperanza, cuando al atardecer gritaste desde el torreón quiero ser libre y yo te dije, “pelado, es cosa de que te atrevas”, sí me atrevo desafiaste, y te dije de vuelta “hueon, baja y besame”.
Fue lindo mientras duró.
A mí me sale muy difícil demostrar un sentimiento en público. Ahí, al bajar del torreón del faro, del barandal, sentí que nadie nos había visto, pero al final, por las miradas del grupo de turistas, cuando volvimos al grupo, tomados de la mano, y sentí ese peso del juicio ajeno, pero sabes qué, me fue algo absolutamente normal, trivial quizás, porque sentí que no hacíamos nada malo. Y no te solté la mano. Hasta ahora al menos.
A veces pienso la idea. Tener algo de nosotros. Y me conocen, saben que no soy un tipo ligado a lo material. Pero recuerdo específicamente aquella pregunta de pero podriamos formar un  hogar, que más que una pregunta, fue una aseveración dubitativa. “Sí, yo creo que si”.
Nuestra historia fue como el último viaje que hicimos en ferry, desde las guaitecas a tierra firme en el fiordo de San Gonzalo. Fue un viaje hermoso, por un mar calmo, pero cuando arreció la tormenta, en cercanías de la islote Margarita, un buque de la armada tuvo que venir a rescatarnos. Sino, terminamos de cabeza metidos en el fondo de un fiordo en medio de la Patagonia. Recuerdo que en ese momento pensé que nos íbamos a morir, pero como es costumbre, no pensé en mi, sino que en lo triste que estarían en tu casa, es Santiago, en los faldeos cordilleranos de La Dehesa al ver tu desenlace.
Definitivamente pienso que sí hubiéramos tenido un hogar, hubiese sido sobrio hasta el punto de desabrido, considerando tu apego al azul marino y al blancoinviernoMe gustan las cortinas azul marino, pero me cago de frío yo con ese color. Por mi, que fuesen café.
Quizás hubiéramos compartido la afición por echar humo de un cigarro, y uno que otro disco escuchado en tu tornamesa Stanton, rodando bajo a la aguja, a la luz de la chimenea, en unos sillones HOMY, en una casa o departamento que de seguro no sería en la cota mil, porque estaría muy cerca de tu casa, pero sí de Plaza Italia hacia arriba, por como decías, motivos de seguridad.
Pero de que forma iba a encajar yo en tu mundo?
No existe para mi una visión de la vida que no fuese la libertad de ser quien quieras, sin etiquetas, sin definiciones, sin militancias, sin ataduras. Como quise que fuese nuestro amor. Como quise (quisimos) que fuese lo nuestro. Sin jamás planificar el mañana, sin jamás decir pasaremos navidades juntos, sin pensar en anillos, compromisos, casas, nada. Cuando dije hogar, y tus ojos brillaron de luz, pensaba solo en el hogar que éramos tú, yo, y el mundo infinito según mi opinión, finito al fin y al cabo. Y pese a toda esta incertidumbre, yo sí pensé al menos en un futuro juntos.
Por un momento todo pareció perfecto, cada gesto, cada instante se plasmó en mi interior con tal honestidad, con tal exactitud, que solo el saber que iba a poder verte, que ibas a venir, que íbamos a estar juntos aunque fuese una tarde,  podía provocarme una catarsis de las más hermosas que he podido experimentar, podía hacer de ese momento, el número uno, el que uno cuelga en su pieza para recordar toda la vida y que jamás olvida.
Me duele, me dolió, pero supongo que aún no puedo asumirlo, que aún no quiero aceptarlo, que aún no quiero pensar que no volveremos a estar juntos, verte partir de mi lado, sacarte de mi mente y mis procesos de aprendizaje y de mi espacio que sorpresivamente invadiste… Y es que siento una estaca en el pecho, un balazo en mi mente y una paliza en todo lo que podríamos definir como la dignidad humana. 
Y me duele tal vez, porque la sociedad nos ata de manos, porque la gente es egoísta, porque la libertad de expresión no existe, porque el dinero y el poder corrompen, seducen y controlan, porque aun existen… miedos.
Esto duele, y yo todavía no puedo dejar de llorar…  Pero prefiero volcar acá la pena, porque también miedo tengo de que en el día a día, me impida funcionar, y vivir.

Houdini

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“Qué importa ahora”

piensa el incógnito,

aquel

que ya perdió su nombre.

La identidad dijo,

que era irrelevante.

El no existir

es una consecuencia del no amor.

Mientras caminaba

pensando en él,

decidió que ser un escapista

era una condición.

Como el frío.